La llamada del proveedor importante, solo tú la puedes tomar. El cierre de caja con tarjeta que no pasa, solo tú lo sabes arreglar. La queja de un cliente difícil, solo tú la puedes manejar. Suenas familiar, ¿verdad? Eres el corazón de tu negocio, pero también eres su cuello de botella. Eres el «Hombre Director».
Tus empleados y tu familia te ven como un héroe, la persona indispensable que lo resuelve todo. Pero la verdad directa es esta: estás mal. No has construido un negocio, has construido una jaula de oro con la puerta abierta, y tú eres el único que no quiere salir.
Ser indispensable es la forma más segura de estancarse. El verdadero objetivo de un empresario no es ser el mejor en todas las tareas, sino construir una máquina que funcione perfectamente sin que él tenga que estar presente.
Aquí te presento el plan de escape.
Paso 1: Haz una «Autopsia» de tu Día
Antes de poder delegar, necesitas saber qué demonios haces todo el día. La mayoría de los dueños de negocio no tienen idea.
Acción directa: Durante los próximos tres días, toma un cuaderno y anota cada maldita tarea que realices. Desde «responder un WhatsApp de un cliente» y «hacer el pedido de café» hasta «barrer la entrada». Sé brutalmente honesto y detallado. Esta lista será dolorosa de ver, pero es la radiografía de tu trampa.
Y la mejor opción si alguien puede verte y documentar esos tres días mejor
Paso 2: Separa al «Obrero» del «Director»
Ahora, mira tu lista. Con dos colores diferentes, clasifica cada tarea:
- Tareas de Obrero (Rojo): Son las tareas repetitivas, las que se podrían escribir en un manual de instrucciones. (Ej: «hacer el corte de caja», «recibir mercancía», «publicar en redes sociales»).
- Tareas de Director (Verde): Son las tareas que realmente hacen crecer el negocio. (Ej: «analizar el reporte de ventas», «planear la promoción del próximo mes», «buscar un nuevo proveedor»).
Lo más probable es que el 90% de tu lista esté en rojo. Acabas de visualizar tu problema.
Paso 3: Convierte una Tarea Roja en un Sistema
La delegación fracasa porque los dueños delegan tareas, no sistemas. No digas «Juan, ahora tú haces el pedido». Eso es abdicar, no delegar.
Acción directa: Elige una sola tarea roja de tu lista. La más simple. Ahora, escribe un checklist exageradamente sencillo, paso a paso, de cómo hacerla. Como si se lo explicaras a un niño de 10 años.
- Ejemplo: «Pedido de Refrescos»
- Revisar el refrigerador los miércoles a las 9:00 am.
- Contar cuántas unidades quedan de cada sabor.
- Anotar en la libreta de pedidos la cantidad necesaria para llegar a 20 unidades de cada uno.
- Enviar foto de la libreta al WhatsApp del proveedor «Refrescos del Centro».
- Confirmar que el proveedor recibió el pedido.
Esto que acabas de crear es un sistema.
Paso 4: Entrega el Sistema, no la Tarea
Ahora, en lugar de decirle a Juan «haz el pedido», le dices: «Juan, a partir de ahora, tú serás el responsable del Sistema de Pedido de Refrescos. Este es el manual. Síguelo al pie de la letra. Tu objetivo es que nunca nos falte producto».
Has pasado de darle un pescado a enseñarle a pescar. Repite esto con una tarea roja cada semana y en tres meses, habrás recuperado el 50% de tu tiempo.
Tu Verdadero Trabajo es Construir la Máquina
Ser el «Hombre Director» es adictivo, te hace sentir importante. Pero no es escalable. Tu verdadero trabajo como dueño no es tocar todos los instrumentos; es ser el director que se asegura de que la partitura (los sistemas) sea clara y que cada músico (tu equipo) sepa exactamente qué tocar.
Construir e implementar estos sistemas es, en esencia, lo que hacemos en Nexus 4. Tomamos tu conocimiento y lo convertimos en procesos para que puedas, finalmente, empezar a dirigir. Si estás listo para dejar de tocar todos los instrumentos, agenda una sesión gratuita.
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